Migas serranas con chorizo y uvas
El pan dormido despierta en la sartén con aceite brillante, ajos que bailan y chorizo que canta bajo fuego vivo. Cuando las migas se sueltan y doran, llega la sorpresa: uvas frescas que estallan dulces, igual que una nube apartándose de un pico. La mezcla reconcilia fatiga y deseo de seguir subiendo. Se come con cuchara o tenedor impaciente, mirando por la ventana el camino recién andado. Si hay queso curado cerca, ralla un susurro por encima. Aprenderás que la humildad, bien cocinada, vence siempre a cualquier menú ruidoso y pasajero.